miércoles, 9 de diciembre de 2009

LA PASIVIDAD PONE EN PELIGRO LA DEMOCRACIA COSTARRICENSE

Una democracia es un sistema que favorece la participación como una forma de desarrollarse y garantizar el bienestar de las mayorías. Como cualquier otro sistema, una república democrática está integrada de múltiples variables que la hacen compleja. Es por esto, que para su sobrevivencia, requiere de una renovación permanente, de mecanismos que le permitan tender a un equilibrio evitando las situaciones extremas, y de una direccionalidad (o modelo) que indique cuál es el rumbo que el sistema busca por su propia naturaleza. Todo esto, requiere de la participación de todos.

Como sistema, Costa Rica ha venido mostrando signos preocupantes que podrían evidenciar que el país ha venido desgastando su democracia, y que requiere de cambios profundos y urgentes si deseamos conservar los valores más importantes de nuestra Nación. Una lectura de las últimas décadas nos enseña que no hemos sido capaces de renovarnos estratégicamente, sino que actuamos muy lentamente, más por reacción al entorno que por una dinámica propia inspiradora de nuestro desarrollo. Con una paciencia exacerbante, hemos visto cómo reformas políticas y sociales, así como reformas productivas y tecnológicas, están tomando mucho más del tiempo oportuno.

Los mecanismos nacionales para lograr un relativo equilibrio han mantenido al país con cierta paz social, pero hemos abusado de la relativa estabilidad al buscar siempre las mismas respuestas y las mismas acciones, con un temor poco sabio al cambio. Pareciera ser que buscamos el equilibrio como un fin en sí mismo, y no como un espacio para promover una dinámica de cambios estratégicos paulatinos, aprovechando el momento histórico.

Hoy en día, observo fisuras dentro del equilibrio del sistema que podría achacar a la falta de liderazgo del Estado, pero también, a la poca participación ciudadanía en temas los trascendentales. El ciudadano promedio en Costa Rica le delega, o cede a otros, las decisiones clave sobre su bienestar y sobre sus intereses. Pero lo hace no por sentirse representado en otros, sino porque no tiene interés de involucrarse directamente, de participar en definir su propio destino.

El principio de aislarnos, y salir a defendernos solo cuando afectan nuestro bienestar individual (o ni aún así), es lo que hace a una nación ingobernable. El individualismo es la expresión de la ausencia de una visión de comunidad. Y “comunidad” solo se entiende, cuando se tiene como sociedad una direccionalidad común, una agenda de todos y para todos, a la cual apoyamos cediendo espacios de interés propio por los de la mayoría. Y en todo esto, la participación es la clave.

Debemos observar ejemplos de sistemas democráticos en América Latina en la última década, quienes justificaron un giro radical de una democracia participativa hacia el autoritarismo, por la necesidad de poner en orden la ingobernabilidad, la inseguridad ciudadana y la corrupción. Estos líderes, para llegar al poder, contaron con sendos respaldos populares por el hastío del pueblo en la ineficiencia de la clase política tradicional para resolver esto.

¿Existe alguna alternativa para el sistema democrático costarricense? Tenemos una gran oportunidad de cara al siglo XXI. La esperanza para el fortalecimiento de nuestra democracia reside en la construcción, por todos los actores sociales, de una dirección común, una visión amplia de la Nación que vamos a fortalecer, con grandes aspiraciones para la solución de los problemas añejos, y basada en la sabia tradición y los valores de nuestro pueblo. Un modelo con identidad costarricense.

Necesitamos de un propósito común para el desarrollo nacional, con metas pactadas de largo plazo y defendidas por encima de los intereses particulares, que aunque muy válidos, se vuelven mezquinos ante los grandes temas y los problemas nacionales. La participación de todos los sectores de ciudadanos sería el motor dinamizador de estos cambios de paradigmas.

Que no pasemos a la historia como una generación pasiva e incapaz de liderar un cambio urgente, sin arriesgar la democracia. Que nos recuerden como los que tuvieron que hacer el sacrificio de cambiar hoy, por el bienestar de una democracia fortalecida mañana y siempre.

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