miércoles, 9 de diciembre de 2009

En el Reino de Dios, lo pequeño es grande!

“De la boca de los niños, y de los que aún maman, fundaste la fortaleza por causa de tus enemigos, y para hacer callar al enemigo y al que quiere vengarse” (Salmo 8:2)

No terminaremos de comprender nunca las profundas verdades de las buenas nuevas del Reino de Dios. El Señor, a través de su Hijo Jesucristo, estableció una forma correcta de hacer las cosas, nos enseño su voluntad y nos sorprendió cuando de lo despreciado hizo algo bueno; exaltó a los humildes invitándolos a estar en la mesa principal; tuvo compasión de los que estaban cautivos y los hizo libres; sanó a los que estaban enfermos y los invitó a ser parte de la comunidad; dio de comer al hambriento y lo dignificó; y de lo pequeño hizo algo grande.

La iglesia de Cristo hoy en día está cometiendo un error en la lectura del Reino; ve a la amada del Señor con ojos humanos, entonces entiende que lo importante son los templos, el nombre o título de los líderes, el número extraordinario de miembros de las congregaciones, el uso de tecnología de punta, el mercadeo eclesiástico, o la exaltación de la capacidad económica. El Reino plantea otra cosa.

La batalla está dispuesta desde el principio de los siglos y no es contra sangre ni carne, sino contra principados y potestades. Dios tiene un enemigo y no descansará en su afán por destruirnos contundentemente. Entonces, en los días de batalla, si creemos que lo que nos hace fuertes son las edificaciones, las ofrendas, o el nombre de nuestros líderes, estamos perdidos. Dios nos enseña otra forma de batallar.

Es a través de lo más pequeño (y constantemente despreciado) que tendremos la fortaleza. Es cuando volvamos los ojos para proteger, desarrollar y dignificar a los más pequeños que podremos contar con una fortaleza para protegernos y para ir a la batalla. Es una iglesia preparada desde sus primeras etapas de vida que podremos ser fuertes como un todo.

Es en la credulidad, la confianza, la fe de los pequeños, su obediencia, su sencillez, su amor desinteresado, que Dios construirá una fortaleza. Dios tiene un plan para los niños y las niñas, los creó con un propósito. Nos toca a los adultos aprovechar esta ventaja y trabajar por su protección, su desarrollo y crear las condiciones para que Dios cumpla su plan perfecto para sus vidas. Eso sí, de todos y cada uno de ellos, dentro y fuera de las congregaciones.

La forma en que Dios quiere hacer callar a los enemigos y detener al que quiere revelarse contra Él, es trabajando desde los más pequeños, preparándolos para la batalla. El Reino de Dios se fundamenta en pequeños preparados, protegidos, desarrollados plenamente y listos siempre para todas las batallas a favor de la obra de Dios. Es cuando los protegemos como iglesia, cuando velamos por ellos desde que son engendrados en sus madres, y hasta que son líderes incondicionales del evangelio, que se gesta la victoria y la fortaleza contra el enemigo.

Pero algunas veces hacemos lo contrario. Si en las calles siguen habiendo niños y niñas, si se les sigue abusando físicamente y laboralmente, si se les sigue marginando en las comunidades y hasta en las congregaciones, éstas son señales inequívocas de una iglesia negligente que ha entendido muy poco de lo profundo y trasformador que es el Reino de Dios. Cambiar esto es imperativo para llevar las buenas noticias a todos los rincones de la tierra.

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